El beso de Milena – Paul Mc Auley

La sala está llena de fantasmas. Transparentes como medusas, ataviados con trajes Eduardianos, se deslizan a solas o en parejas, dando vueltas y vueltas por la recién restaurada Sala de Fumadoras del Hotel Grand Midland en St. Pancras, mientras esquivan con destreza a los pasajeros que esperan para embarcar en el Expreso Trans-Europeo de las 16:00 horas. Alex Sharkey es la única persona de la sala que presta atención a los fantasmas; para pasar el rato, ha estado tratando de calcular la derivada del algoritmo que controla su deambular aparentemente fortuito. Llegó veinte minutos antes de la hora prevista y ahora, según reza el reloj que se compró de camino hacia aquí, son las tres y doce minutos y su cliente se retrasa. Alex se siente inquieto e incómodo y suda bajo su flamante camisa de algodón afgano con cordones. El algodón está salpicado de cascarillas que le arañan la piel. La chaqueta del traje le está estrecha en los hombros; aunque el vendedor le aseguró que el tweed verde pegaba perfectamente con su cabello rojizo, Alex piensa que le hace parecerse un poco a Oscar Wilde. Quién no estaría fuera de lugar en medio de la deliciosamente restaurada decoración de la Sala de Fumadoras, con sus paredes rosa salmón y crema, sus pilares de mármol, sus sillas tapizadas con felpa roja y su revoloteante población de fantasmas Eduardianos.

Formato:  pdf Comprimido:  Sí Peso:  2.26 MB Lenguaje:  Español

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